martes, 17 de enero de 2012


19.- Saber.


Las personas que se creen saber mucho, hablan, hablan y hablan; y quieren que todo mundo se entere de que saben mucho, se han instruido con buenos libros.
Pero quien en realidad sabe, se da cuenta que no sabe nada, como dijo alguien, (no me acuerdo quien dijo) “sólo sé que no sé nada”. Porque la verdad que sabe, es fruto de la gracia, a la cual no se cansa de contemplar en silencio y soledad.
Y si le piden su opinión, hablará de lo que cree que sabe, porque contemplando la grandeza y el misterio del universo, una vez más, se da cuenta que no sabe nada.

 

lunes, 16 de enero de 2012


18.-Virtudes.


 He aprendido que las virtudes no están peleadas, van relacionadas, y esto es lo que contribuye a la armonía.
El juzgar, reflexionar, meditar y discernir, son actos de la inteligencia y voluntad, lo que no es válido es el condenar.
Si conoces las virtudes, no por intelecto, sino por experiencia, te será fácil identificarlas antes de condenar a alguien.
La prudencia y la sinceridad, no están peleadas, son parte de una integración de valores y trabajo emocional. Porque el ser sincera no significa que me olvide de la prudencia, y me dedique a hablar sin medir consecuencias o la trascendencia de lo que diga.
La prudencia no hace a la persona falsa, sino al contrario la une con la sabiduría, para hablar y denunciar en el momento adecuado, y discernir los momentos inadecuados en los que lejos de ayudar, se puede acomplejar la situación.
El ser sincera y transparente, no debe aniquilar a la sabiduría, a la delicadeza, y menos a la humildad.
Es decir, cuando hay una sana  relación de amistad, hay armonía, hay respeto, delicadeza, ternura, prudencia, sinceridad, transparencia, confianza etc.
El considerar que por tener una virtud, ya sea sinceridad, transparencia, o prudencia, signifique que ya la hicimos, es inconcebible. Pues con una sola virtud no se puede crear  armonía, pues esta la integra la diversidad.



17.- Identidad.


Tú eres tú, y no depende de los actos de los demás, lo que debas ser tú.
Lo que sí puedes y debes hacer es modelar tus actos, atravez de las virtudes y buenos hábitos, para mantenerte en armonía contigo mismo y con los demás.
Ejemplo: si soy una persona madura, no voy a dejar de serlo porque los demás no lo sean. Si soy transparente, lo seré siempre; con los sacerdotes, los asesinos, los barrenderos, los cobardes, y con el presidente, etc.
Los demás son, ellos, pero, yo soy yo.
Ellos y sus actos, aunque me pueden no facilitar, no me pueden determinar para deformar mi identidad. Claro, si esta está bien cimentada.